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Opinión: Cuando decidimos perder la identidad

 

Con el más grande asombro, se recibe la muy lamentable noticia de no haberse aprobado en segundo debate el préstamo de 31 millones de dólares para la restauración, manejo y gestión del Teatro Nacional. La responsabilidad que el país tiene en la conservación del más importante edificio que nos identifica, y no haberse aprobado, es un maltrato para nuestra sociedad.

El no proteger el más importante patrimonio arquitectónico de nuestro país, no sólo es una pena, sino además habla muy mal de nuestra educación, de nuestros valores y de nuestro aprecio hacia la historia nacional.

El Teatro Nacional, siendo nuestra joya arquitectónica, hoy está sufriendo de una falta de mantenimiento que nos tiene al hilo de la inseguridad y del perjuicio de la vida de quienes trabajan en el lugar, de los visitantes nacionales y de los turistas extranjeros; nos representa dentro y fuera de nuestras fronteras, sin embargo, no tenemos la cordura de tomar la decisión de cuidarlo, restaurarlo, mejorarlo y, en todo, asegurar su permanencia en el tiempo.

Técnicamente, el que no se apruebe el préstamo significa que no tenemos la capacidad de visión en el resguardo de nuestro patrimonio, significa que no nos interesa cumplir con la normativa de la Asociación Nacional de Protección Contra el Fuego (NFPA), que es Ley de la República y que, con ello, estamos obligando a que la edificación no cumpla con la seguridad que el Benemérito Cuerpo de Bomberos de Costa Rica, requiera para su idónea intervención en caso de que ocurra un siniestro.

Esta decisión ensombrece nuestra imagen como país, máxime cuando parece que la política antecede a la inversión en cultura, que a su vez es invertir en educación e identidad, donde los argumentos técnicos no son tomados con la seriedad del caso y terminan siendo secundarios, cuando deberían ser el primer impulso para tomar la decisión de la aprobación.

Las obras que el Teatro Nacional necesita, mientras más pasen los años, más difícil será llevarlas a cabo, más dinero se requerirá y el paso del tiempo, aunque no se quiera, se convierte en un enemigo cada vez más grande.

Pareciera que, con la decisión de no aprobar el préstamo para el cuidado y mantenimiento del Teatro Nacional, estamos evidenciando que la cultura no es importante, no es relevante y no nos importa en la identidad de nuestro país.

Sabemos que el país se encuentra en una coyuntura económica de recesión y abstención del gasto pero no se está tomando en cuenta que, si perdemos el hito arquitectónico más importante de Costa Rica, podríamos perder, incluso, el interés del turista que viene a ver y convivir con nuestra historia, con nuestro ser como sociedad y con las escasa joyas construidas que tenemos para visitar.

 

Por: Rodrígo Martínez

Dir. Escuela de Arquitectura y Diseño y Decoración de Interiores / 

Presidente del Colegio de Arquitectos de Costa Rica 

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